Ponteses

Luchando contra las barreras de la discapacidad visual

Antonio Felpeto, del IES Castro da Uz de As Pontes, finaliza sus estudios del ciclo superior de Administración y Finanzas

MARÍA MEIZOSOAS PONTES

En las todas las batallas hay ganadores y perdedores. En esta, la que le ha tocado lidiar a Antonio Felpeto (As Pontes, 1992) solo hay de los primeros. Y él es uno de ellos. Invidente desde su nacimiento, ayer sumó un nuevo triunfo a la larga y dura competición que es la vida. El joven pontés presentó su proyecto final del ciclo superior de Administración y Finanzas. Una idea, bautizada como Green Planet, que no descarta poner en marcha. «Es una tienda de productos ecológicos, a mí me encanta el trato con la gente, así que es algo que está ahí», explica. Y que se suma a su sueño: ir a la universidad. «Ahora se me abren muchas posibilidades, me gustaría estudiar Periodismo o Administración y Dirección de Empresas, pero lo importante es que cumpliré la ilusión que siempre he tenido de ir a la universidad».

Un sueño al que, además del esfuerzo y tesón del propio Felpeto, hay que sumar la contribución de toda la comunidad educativa del IES Castro da Uz. «Su caso es único, al menos en la provincia. En la universidad sí hay muchos alumnos con este tipo de discapacidad, pero en este tipo de ciclos no. Espero que lo de Antonio sirva para derribar muchos muros», afirma Rosana Fernández, docente en el centro. También para ellos ha sido un reto y marcará- tal y como reconoce Fernández- un punto de inflexión. «El haber tenido un alumno como Antonio nos ha aportado mucho a todos. Al principio nos asustamos, temíamos no saber afrontarlo correctamente, pero con el paso del tiempo te das cuenta de que todo es mucho más sencillo de lo que piensas. Me gusta decir que Antonio no es que no vea sino que ve de otra manera», proclama.

Ese temor lo percibió el propio alumno, pero él mismo se encarga de minimizarlo asegurando que «eso se transmite, es inevitable, pero también normal. Yo era el primero que tenía dudas de si podría afrontarlo». A ellos, a sus profesores y a sus compañeros, agradece el haber superado una barrera más de las muchas que padecen los discapacitados visuales. «Mis compañeros han sido como mi familia, les pondría un 20. A veces bromeábamos con venir en pijama y zapatillas a clase porque estuvimos como en casa». Y sobre si habrá celebración, Felpeto contesta dubitativo: «Algo puede haber». Motivos hay. Y muchos.

La Voz de Galicia