Necesidades emocionales de los adolescentes

Hace poco hablaba con mis hijos adolescentes y les pregunté cómo se sintieron hace un año y pico cuando el padre y yo tuvimos que ausentarnos de casa durante muchos días y ellos se quedaron solos durante 12 días. Me contestaron que se habían arreglado bien y que estuvieron encantados, pero que en algún momento nos echaron de menos para charlar o para bromear o para preguntarnos cosas. Les dije que de todas formas habíamos hablado casi todos los días a través de Skype – sí, reconozco, yo soy a veces exagerada y ellos se reían de mí porque les daba consejos y quería estar en contacto a menudo con ellos, tenían 17 y 15 años y era la primera vez que se quedaban solos en casa.
Esta conversación me hizo luego pensar en las necesidades afectivas y emocionales de los adolescentes y de cómo podemos ayudarles a través de la Pedagogía Blanca.
Parece que los adolescentes ya no necesitan de los padres para apoyarles, que todo se  arregla porque tienen amigos, que están mejor sin los padres. Sin embargo esta es una etapa igualmente importante en su vida emocional, muy muy sensible y delicada. Sí, es  cierto que ya despliegan sus alas y son más autónomos desde muchos puntos de vista. También es cierto que desean a veces demostrarse a sí mismos que saben estar sin los padres. Otras veces piensan que los padres son unos anticuados que no les entienden y prefieren compartir con los amigos… Todo esto es cierto, sobre todo dependiendo del tipo de relación que hay entre ellos y sus progenitores.
Pero no nos engañemos: necesitan todavía refuerzos emocionales en cuanto a su autoestima. Necesitan a alguien que los acompañe y luche por ellos en un período cuando físicamente incluso están más sensibles por tratarse de los años de crecimiento, de segregación de las hormonas, por los cambios propios de la edad. Y hasta necesitan ayuda en cuanto al aprendizaje: están más cansados, más lentos en algunas cosas, les cuesta entender algunos conceptos o sencillamente no saben cómo acometer algunas tareas a pesar de tener ya muchos conocimientos.
Sí, a veces son pesados, a veces están nerviosos, a veces están callados, pero precisamente por eso necesitan más atención y apoyo emocional que nunca. Olvídense de la altura de sus hijos, olvídense de sus conocimientos o de sus exquisitos modales; están en una etapa en la que todo se reordena dentro de su cuerpo y su mente y necesitan apoyo para ello. No necesitan que nos metamos en su vida, pero sí que estemos cerca si hace falta. Tender una mano si se quieren apoyar. Abrazarlos si necesitan un hombro para llorar. Consejos si los piden. Paciencia si pierden los nervios por tener las hormonas a todo gas y, por ello, la sensibilidad a flor de piel. Necesitan que les escuchemos si nos quieren simplemente contar algo. Y dejarles descansar y no poner demasiada presión sobre ellos si vemos que están agotados.
Sé que lo común es presionarlos para que den “mejor rendimiento en la escuela”, pero es absurdo pedir más rendimiento cuando uno está agotado física y mentalmente por estar en un período de crecimiento y de cambios muy grandes. Lo mejor es favorecer el descanso para que luego puedan recoger el vuelo con más fuerza todavía.
Todo esto es apoyo emocional y hay que ofrecérselo, si es posible, porque aunque empiecen a volar,  los adolescentes todavía vuelan alrededor de sus padres – no mucho, unos años más. Luego nos queda mirarlos cómo emprenden su vuelo lejos de nosotros y alegrarnos de que han tenido el apoyo y el acompañamiento adecuados para que sean adultos sanos y equilibrados.
Sorina Oprean
Fuente: www.pedagogiablanca.com

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