Bebés prematuros

Imagen:JOSÉ PARDO

«Al bebé le hace bien sentir la piel de su madre»

En la UCI del Marcide las familias hacen el canguro: una terapia muy efectiva basada en un largo abrazo

Ángeles Rodeño lleva 30 años en la UCI de prematuros; Mónica Rey, 16 y Carmen Galego, la supervisora, 25. Entre las tres suman nada menos que 71 años cuidando a unos bebés que llegan muy pronto y que a veces no alcanzan el kilo de peso. «El más pequeño que pasó por aquí pesaba 800 gramos y nació a las 26 semanas, estuvo tres meses en la UCI y llegamos a estar tan cerca de los padres que el niño nos manda una postal cada vez que celebra su cumple», cuenta emocionada Ángeles, que a pesar de su larga experiencia sigue aprendiendo de las familias, de trabajar codo a codo con ellas.

«La tecnología ha avanzado muchísimo, los niños que hace años no salían adelante hoy sí salen con el apoyo de esta tecnología, pero se necesita algo más, los cuidados son muy importantes, en especial los centrados en el desarrollo. El bebé debe avanzar -dice Ángeles – en las mejores condiciones y sobre todo es importante hacer partícipe a los padres». Hasta hace 21 años solo veían a sus niños prematuros a través de un cristal, no podían cogerlos, ni acariciarlos. «Eso se acabó en el 1995, empezamos a dejarles pasar, pero prácticamente no podían tocar a sus niños y tenían que entrar con batas. Entonces, algo nos hizo cambiar y fue un reportaje que se publicó en La Voz en el que unos padres se quejaban de esto», sigue contando una enfermera que poco después escuchó a otro progenitor y se lanzó a aplicar el método canguro. «En el 2007 tuvimos un gran prematuro de padres noruegos y un día él nos preguntó: ‘¿Y aquí cuando vamos a hacer el método canguro?’ Yo fui corriendo a hablar con mis compañeras para decirles que ese método del que leíamos artículos existía y que en Noruega era común. Así que dijimos, pues si lo hacen en Noruega, nosotros también».

Desde entonces en la UCI del Marcide cada madre tiene un sillón en el que acomodan a su bebé sobre su pecho para poner su piel en contacto con la del niño. Y así, tapados con mantitas, se quedan durante las horas que aguanten. El efecto no se puede medir con los mismos parámetros que las medicinas, pero las tres enfermeras que más incubadoras han vigilado del Marcide tienen claro que «al bebé le hace sentir bien la piel de su madre, pero a ellas también les sienta muy bien. De hecho, incluso más, porque palía la tristeza de no tenerlo en casa». Esta terapia de abrazos estabiliza a los pequeños, les ayuda a dormir y a ganar fuerza. La lactancia materna es otra de las batallas que han ido implantando, porque en el caso de los prematuros ayuda mucho a unos bebés que no tienen fuerza para respirar, succionar y tragar. Cuentan que «usan una sonda y cuando podemos y el niño está estable enseñamos a las madres a dársela con una jeringuilla. Siempre vamos a encontrar el método y la forma en la que el niño tome la leche materna».

Todas estas prácticas implican horas de explicaciones, de ensayos en una parte del CHUF que siempre tiene puertas abiertas para los padres. Allí pueden estar todo el día, salvo cuando hay urgencias o ingresos. «Lo decidimos al tiempo que instauramos los métodos de apego, a cambio reducimos el resto de visitas, que sí tienen horario, pero los padres pueden estar todo lo que quieren», cuentan unas enfermeras que luchan contra el miedo a la bata blanca y el gris hospital. Incluso llegaron a pintar ellas mismas de colores sus pijamas hasta que el hospital terminó por comprarles unos con muñecos.

«Cuidamos a niños y a padres»

Ángeles, Mónica y Carmen reconocen que con todas estas prácticas el trabajo se ha duplicado: «Cuidamos al niño y a los padres, pero también se ha multiplicado la satisfacción y podemos hacer más por las familias como, por ejemplo, evitar el síndrome de niño vulnerable, que aparece una madre que no se siente madre y no sabe cómo cuidar a su hijo. Con estas sesiones de canguro se crea una relación tan íntima entre los dos que ya no sucede». El objetivo de las tres es que los niños se marchen a casa, fuertes y cuanto antes, pero no pueden evitar cogerles cariño, mucho. Así que se despiden de ellos cual madres. «Les vamos enseñando a cuidarlos, pero siempre les damos el teléfono y un consejo de corazón: si necesitan algo, que nos llamen», afirman.

Bea Abelairas La Voz de Galicia