«¡Vivimos en un lunes constante!»

«¡Vivimos en un lunes constante!»

Los universitarios terminaron o están a punto de acabar sus exámenes finales. Unas tres semanas después, comienzan las recuperaciones. Bolonia ha revolucionado las aulas, y no siempre para bien.

U na titulación cualquiera del sistema universitario gallego. Período de exámenes del primer cuatrimestre, del 8 de enero al 24. Período de exámenes del segundo, del 12 de mayo al 2 de junio. Recuperaciones -lo que antes era la convocatoria de septiembre y ahora se denomina oportunidad de julio-, del 23 de junio al 12 de julio. Día arriba, día abajo, la implantación de la famosa Bolonia ha puesto patas arriba el tradicional calendario académico. La organización horaria del curso universitario trae de cabeza a estudiantes y profesores. Primero, por la limitación del tiempo a la hora de impartir el temario, y segundo, por la ubicación de los exámenes. Si a eso se suma que la adaptación que hicieron algunos títulos de materias anuales a las asignaturas cuatrimestrales se hizo prácticamente sin reducir contenido, los alumnos de las tres universidades gallegas viven estos días una auténtica carrera contra reloj con apuntes, horas de biblioteca y cafés para llevar.

Y el despropósito de selectividad

Al despropósito de los exámenes de enero y al despropósito de los finales se une otro, difícil de explicar, las fechas de la selectividad de septiembre y el inicio del curso universitario. Aunque la selectividad es una prueba de acceso a la universidad, cuando los estudiantes de bachillerato que se presentan en septiembre obtienen sus calificaciones, se encuentran con que el curso comenzó hace un mes y medio.

Este año, los universitarios empiezan las clases la primera semana de septiembre -la Universidade de A Coruña, por ejemplo, el día 2, y la de Santiago el 5-; pero la selectividad se retrasa al 17, 18 y 19 del mismo mes. Los alumnos que quieran matricularse en alguna titulación aún deben esperar a conocer las calificaciones, y si inician un proceso de reclamación se demoran los plazos. Conclusión, llegan a las facultades con más de un mes de retraso.

Exámenes a la vuelta de Navidades, períodos insuficientes para dar todo el contenido de las materias, concentración de pruebas en dos semanas o recuperaciones a la vuelta de la esquina. Bolonia llegó con sus cambios y revolucionó las universidades. Los jóvenes se adaptan, pero no niegan las disfunciones y que durante estas semanas prácticamente no saben en qué día viven. Al menos, aprueben o suspendan, tendrán agosto para reponer fuerzas y volver en septiembre

La Voz de Galicia